Rendición, un testimonio de psicoterapia y crecimiento personal

Rendición, un testimonio de psicoterapia y crecimiento personal

antonia pinturaHola, llevaba tiempo pensando que me gustaría escribir sobre la PSICOTERAPIA. Pensé en varias opciones: hablar sobre la psicoterapia, qué es, para qué sirve, a quién va dirigido, porqué iniciar un proceso de terapia, enfoques y técnicas, etc.
Pasaron los días.
Nada de esto me convencía. Mi madeja sobre este asunto estaba embrollada y no acertaba a tirar del hilo.
Hasta que al final decidí pedirle a alguien que conozco y que tiene una experiencia con lo que llamamos un proceso de terapia que relatara su viviencia.
Aquí os dejo su testimonio que supera con creces mi propósito inicial en esta entrada. Por una sencilla razón, porque no es teoría.

Me han encargado que escriba sobre mi proceso de terapia y no me resulta nada fácil. No voy a ser estructurada ni voy a ceñirme al tiempo lineal. Me gustaría compartir cómo me siento desde que decidí continuar caminando acompañada.

Inicié un proceso de terapia hace menos de tres años porque me sentía desesperada y muy cansada. Intuía que la desesperación era una señal de que algo no iba bien, o simplemente pedía a gritos ser transformado, y no sabía por dónde empezar.

Como me parecía bastante insoportable abandonarme a la desesperación porque no es divertida ni reconfortante, probé a moverme de ese lugar físico-emocional-energético-mental.

Me he pasado un buen rato pensado que todo es un follón y que no le encuentro la gracia a todo esto, y hoy en día, me descubro aún a solas con ese pensamiento. La diferencia es que ahora lo digo, miro de localizar esa idea en mi cuerpo, y me dejo desesperar más que antes. Entonces algo, un poco milagroso, sucede: el malestar pasa al estar y lo que está, pasa. Y automáticamente se armoniza con el Universo que cambia constantemente y nada se guarda.

Llegué sintiendo que todo estaba muy liado dentro de mí, que no diferenciaba las emociones de sus pensamientos.

Entonces llegó el necesitar pararlo todo, pararme porque no se puede aprender corriendo.

Apareció la revolucionaria idea del enraizamiento, sentir mis piernas, el suelo que piso, y el cuerpo de sensaciones.

Luego la disyuntiva de si siento más rabia que tristeza, o si es más tristeza que rabia.

Luego papá y mamá… Y siempre papá y mamá.

Llegó el trabajo de los límites, poner límites a los otros y ponérmelos a mí.

Luego el deseo y la conexión con la tierra.

Luego las preguntas existenciales.

Luego las etapas que me he saltado en la vida y las experiencias no vividas y anheladas.

Luego entender cuáles son mis estrategias, mis patrones o creencias a los que acudo mecánicamente. Al re-conocerlos puedo elegir no ir a ellos y probar otros nuevos.

Ahora la desesperanza y la esperanza y el tío vivo que es la vida.

Ahora, qué hago con la fuerza que tengo y que a veces me debilita y me deshumaniza.

A mí me gusta ir a terapia. Y me gusta pagar las sesiones.

Pero me cuesta decirme que me quiero.

Cuando llegas a sentir el sinsentido de la vida con gran malestar, en el fondo a lo que has llegado es a sentir el sinsentido de seguir viviendo de la misma manera. El cuerpo pide una transformación y, al no saber/poder transformarlo, todo chirría y el malestar se acrecienta. Esto ya lo he dicho al principio pero insisto porque soy muy pesada.

Lo que más me sorprende de las sesiones es cómo se mueve mi energía y que, pese a las dificultades para moverla en algunas ocasiones, la muevo.

En las terapias trabajamos mover la energía movilizando el cuerpo: con voz, con vibración, con respiración, para llegar a mi propio movimiento que es mi Yo.

Escribir Yo o mi nombre, que pronuncien mi nombre, o decirme te quiero me resulta difícil. Esto también lo he dicho antes y ya parece que me cuesta menos. Cuando compartes, también compartes el dolor y te quedas con menor parte, y alivia profundamente si no me compadezco de mi misma.

Durante las sesiones mi terapeuta me invita a que lo que digo con palabras tenga su correspondencia e identificación o no en mi cuerpo.

Me pasé un año con picor en la garganta. Ya no me pica.

Ahora me contracturo cuando me tenso, o sea que el cuerpo está mucho más disponible y receptivo porque enseguida reconoce y avisa, es muy inteligente.

En algunas sesiones lloro mucho, también en casa u otros lugares. Antes de iniciar la terapia lloraba poco y me hacía daño, ahora el llanto es una expresión más y necesito expresar y crear constantemente.

Se me ha ido la cara de susto. Y cuando aparece, de vez en cuando, me fastidia pero no me asusta.

He empezado a sentir cosas diferentes.

A veces, de camino a terapia me pongo nerviosa.

Mi terapeuta y yo reímos juntas.

Es duro para mí sentir que el cuerpo no me responde como yo querría. Hay días que me recojo en casa porque literalmente se me doblan las piernas o me siento mareada. Y, sin embargo, agradezco el cuerpo que soy.

Me sorprendió comprender un día que no era capaz de sostener la tensión y que sin tensión no puede haber descarga.

En las sesiones cargo para aprender a descargar, tensar el arco para que éste viaje lejos.

La ternura y seriedad con la que mi terapeuta me acompaña es lo que más me ayuda.

Ella me ayuda a que yo sea la primera en ayudarme y la frase: “encuentra tu propio movimiento” me pone nerviosa.

La terapia es un lugar de confianza donde me siento muy cuidada.

Cuando salgo de terapia siento inmensa gratitud.

Echo de menos a mi madre.

Las niñas no tienen orgasmos.

Hablo de enraizarme y mis manos se elevan al cielo. Soy un árbol al revés.

Para volar alto hay que respirar la tierra.

Estoy aprendiendo a caer, en lugar de seguir preservando el equilibrio, que es un imposible y por tanto, es bastante absurdo aferrarse a algo que no existe.

El universo es una serie infinita de posibles, y si caigo, aseguro esa cadena.

Iniciar un proceso de terapia es iniciar mi propia rendición. ¿A qué? ¿No lo he escrito aún? Al amor.

6 comentarios sobre “Rendición, un testimonio de psicoterapia y crecimiento personal

  1. La imagen que he utilizado en este post es de mi querida y amada amiga Antonia Martinez.
    El testimonio que recojo en este post es de una persona bellísima a la que agradezco profundamente su valentía y generosidad. Gracias.

  2. 15 horas depués de sacar este post me he dado cuenta que he cometido un lapsus muy significativo en el título. El título original era: Rendición, un testimonio de psicoterapia y crecimiento personal. Yo escribí: Redención (…). Lo cambio y vuelvo a Rendición.
    Son bien curiosos los lapsus…a un nivel inconsciente nos nos revelan muchas cosas. Tal vez un día hable de ellos.

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